miércoles, 3 de septiembre de 2014

Del cómo llegó a mi vida M

Julio, mes de nuestro primer acercamiento inconsciente. No recuerdo precisamente el día en que recibí su notificación, vía electrónica, de amistad en Facebook. Más o menos era un jueves o un viernes, lo recuerdo de esa forma ya que durante esos días estaba muy entusiasmado por el proyecto literario de un amigo para echar a andar una Revista para estudiantes de nuestra Facultad (en realidad, sin poner muchos adornos, por una pequeña fiesta que iba a organizar una semana después y de la cual quería tener la oportunidad de convivir con este amigo y sus experiencias a viva voz).

Llegué a observar, con detenimiento, su capacidad de crítica (impresionante para los temas que me gustan) en los comentarios que realizaban la mayoría de los chicos de la Revista en un grupo en Facebook. Tengo la imagen, muy presente y viva, de aquella relectura que efectué al leer un comentario que realizó sobre Sheridan y Paz respecto del papel individual y social en equis tema (para no agrandar más esta trama). Me impresioné mucho, quedé anonadado. Bien, recordando el dulce meollo electrónico, recibí una solicitud de amistad por parte de ella. Casualidad, destino, qué carajos. La acepté e inmediatamente actué. ¿Por qué no? No todos los días, en mi caso, recibo tan agraciada invitación femenina para hacer amigos y más del género bello-agraciado. Así fue como decidí tomar valor y escribirle un “Buenos días”. Las palabras llegaron para un encuentro, del cual, la mayoría de ellas no tenían formal invitación de consolidar algo. Simple y llanamente, quería conocer a una persona con excelente reputación (dos de mis amigos, de la Revista, me habían dado magníficas recomendaciones de su bagaje mas no de su excepcional belleza humana).

Los días pasaron como los ocasos del verano de ese mes. Paso, paso, paso. La curiosidad tuvo su paso. Empecé a conocer de ella, poco a poco. Su ambiente literario, sus gustos, sus peculiaridades, su personalidad. Todo ello, fue redondeándose. Cada una de sus minúsculas cosillas, minimizando con cariño ya que le recuerda mi sentido del humor, me fueron gustando. Compatibilidad, identidad, cosas en común, qué más da. Los detalles fueron incrementándose y cada vez les prestaba más atención. Mi vista frente al computador, en un principio, era diferente (yo lo sé). Cierta ocasión, antes del ingreso formal a clases en Derecho, le llamé un sábado para saber qué hacía (más bien, qué sentía respecto de un nuevo semestre escolar). “Estuches” fue la palabra para ese día. “Lapicera”, “mochila”, “rojo”, “amarillo”, “Ochoa”, “Comercio Exterior” fueron otras más durante el recorrido de esa tarde, en la que me percaté (curiosamente) que me gustaba más escucharla. 

Lunes, día de nuestro primer acercamiento físico. 08:30 de la mañana, listo para ingresar al salón de clases. Un poco retrasado, en cuanto me percaté que el maestro estaba dentro de (tuve una ligera distracción con viejos amigos). He ahí. Su mirada, única. Sus ojos y labios, demasiado expresivos y hermosos para mi gusto. Su cabello “azulado oscuro” que, desde lejos, se observaba “negro” y “radiante”. Sus mejillas, dos poros con textura suave y medio sonrojados.  Su vestimenta, dada mi mediocre remembranza, entre rojizo y morado con motivos "floreados". Su presencia, entre dos caballeros y entre un grupo de compañeros y, principalmente, ante mí. Dado el retraso inoportuno de mi parte, en clase, decidí sentarme en la parte trasera (penúltima) del salón.

Oyente, ese es el calificativo con el que la mayoría de mis semestres defino mi vocación estudiantil. “Oyente, presente” grito suave con el que me presenté a mi antiguo maestro de constitucional. En cierta medida y en determinada forma, ella emprendió un grito semejante. Me sentí a gusto, allí empecé a imaginar un mundo. Las cosas se iban relacionando. El maestro, terminando de pasar la lista semi oficial de alumnos inscritos, comenzó a recitar su discurso vital. “Éxito”, “bienestar”, “felicidad”, “democracia”, fueron los términos que definieron mi día en esa clase, de nueva cuenta (como lo fueron, hace dos años).

Ese día concluyó en un saludo formal, un saludo que sólo me daba pauta para un cariño específico: ser amigo. Sabía particularmente desde ese evento esta condición. "Ella tiene novio, no era digno de ella" esta frase me la repliqué durante esas dos primeras semanas, unas mil veces. "No puede ser" fue otra frase que concretaba mi lugar en su vida…


martes, 31 de julio de 2012

Carpe diem

 Locución latina que describió durante el Renacimiento, el Barroco, el Romanticismo, la Edad Media, incluso hasta nuestros días, el sentido mismo de:"tomar el día", "disfrutar el momento", "vive el momento porque vas a morir pronto", "vive el momento porque vas a envejecer pronto", "vivir hoy como si no hubiera mañana", etcétera.

 Horacio (poeta romano) es el que acuñe este término: carpe diem quam minimum credula postero, que se traduce al español como: "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy" como también "vive cada momento como si fuese tu último día."

 Para el que redacta estas líneas, simplemente, es la forma de disfrutar la vida en diferentes formas. Partiendo desde cualquier enfoque ya sea económico o social, incluso político, a la vida misma hay que afrontarla como es.

 Con júbilo y alegría, demostrarle un agradecimiento. Sin resentimiento o enojo, externarle que olvidamos. Expresarle con gran tono: viví lo mejor posible.

 La poesía toca el tema de la vida, como tópico de gran relevancia. Nuestra poesía (mexicana), lo ha hecho a lo largo de este centenar de años. Tal es el caso de la cultura náhuatl con su particular visión de la vida (Xopancuícatl), dónde se ve claramente los "cantos a la vida, a la alegría y la belleza del mundo."

He aquí presente, un fragmento de un poema náhuatl:

"Lloro, me aflijo cuando recuerdo:
dejaremos las bellas flores, los bellos cantos.
Cantemos, gocemos, todos nos vamos
y desaparecemos en su casa.
¿No lo piensan así nuestros amigos?
Sufre su corazón y se atormenta:
¡No dos veces se nace,
no dos veces se es niño!
¡Sea un breve momento al lado de ellos!
¡Nunca más será otra vez,
nunca más gozaré de ellos,
nunca más los veré!
¿Dónde es, corazón mío, el sitio de mi vida?
¿Dónde es mi verdadera casa?
¿Dó mi mansión precisa está?


¡Yo sufro aquí en la tierra!
Sufres, corazón mío,
¡No te atormentes más en esta tierra!
Y es este mi destino: lo saben todos.
Logré el don de nacer acaso así en la tierra:
es un lugar de purificación:
con esto ya puede ir a la hermosura a donde está la vida:





¿Cómo lo dice el mismo corazón?
¿Cómo lo dice?
–No es verdad que vivimos,
no es verdad que vinimos a 
durar sobre la tierra.
¡He de dejar las bellas flores,
he de bajar al Reino de las Sombras,
luego, por breve tiempo, 
se nos prestan los cantos de hermosura!"

Nuestra literatura contemporánea, ha dado otro enfoque más, con relación a este tópico. Amado Nervo, autor contemporáneo (Siglo XIX), en una pieza poética nos da una muestra clara de lo que representó para él, la alegría del haber estado:


"Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida, 
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡Mas tú no me dijiste que Mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!"

Federico García Lorca

 Poeta de corazón, cercano al drama y a la prosa, culminó su obra en su natal España. Nació un 5 de Junio de 1988, uno de sus biógrafos (Edwin Honig), narra que Federico fue un niño con muchas particularidades: aprendió a cantar desde temprana edad (alrededor de los dos años) melodías populares, la escenificación de oficios religiosos. 

 Abogado de profesión, decidió encaminar su vida a la literatura. Desde niño comenzó la lectura de Víctor Hugo y Miguel de Cervantes Saavedra, lo que quizás de alguna manera influyera en su determinación de trascender en el campo literario.

 Sus preferencias en el ámbito sexual, no le avergonzaron. Su último amor, Juan Ramírez de Lucas, fue testigo claro. Miembro de la "Generación del 27", emprendió un legado poético. Algunas de sus obras son: Bodas de Sangre, Yerma, Poeta en Nueva York, Doña Rosita la Soltera, entre otras más.

Lamentablemente, durante la guerra civil de España, es asesinado por dos delitos imperdonables: "ser republicano y homosexual". De esa triste manera, el 19 de Agosto del año 1936, cerró los ojos (no para siempre).

 He aquí, un poema de los tantos que escribió:



"Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.
Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
las alas de tu espíritu severo.
Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.
Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!"